Hace unos días, cené a la orilla del mar, en el Paseo de las Canteras, en Las Palmas. Qué calidez tan deseada en este frío otoño. Compartí mantel con un grupo joven, de los que empiezan carrera profesional, con mucha ilusión.
En cuanto tengo público –cautivo, porque eran muy educados-, me “crezco”, y les conté anécdotas de esta profesión de “Loco de la Colina”, que me permite compartir charla con personas diversas sin parar. Vamos, que no hago otra cosa.
De tanto escuchar, tengo mi “top” de lo que sí o no conviene en una entrevista profesional. En mi opinión, claro.
No mentir. Y mira que es habitual. Es recurrente el profesional senior que, tras larga carrera en multinacional, sale al mercado. Llega y me cuenta que a pesar de su exitosa trayectoria, -y que nadie en su compañía quería que se fuera- ha decidido reorientarse y está en búsqueda activa. Alguno habrá que sea verdad, pero en general son fruto de las reestructuraciones. No pasa nada por contar la verdad. La mentira, me da mal rollo. Pienso que la persona es insegura, o tiene poca ética, o mucho ego.
No hablar mal de ti mismo. La semana pasada, un tipo que prometía por competencias técnicas, al animarse en la charla, me contó que era retraído y que no le gustaban las personas. Qué difícil me lo pone. Aunque peor es quién habla mal de su jefe –y es frecuente- o de algún compañero. No hay que bajar la guardia jamás. Aunque el entrevistador sea agradable y empático, no hay que perder el foco, estamos ahí para “vendernos”.
Parecido es la información personal que uno ofrece sin que le pidan. Ahí son recurrentes los divorcios, que impactan en el grado de libertad de los directivos, por ejemplo, para viajar. Hay quién transmite el trauma que todavía vive, o una situación personal complicada, que posiblemente le dificulta concentración o compromiso. En especial, las mujeres, suelen disertar sobre los hijos con emoción. Hay que tener cuidado dónde encaja ese discurso.
En la misma línea, cuando tenemos algún conflicto no resuelto, en ocasiones lo sacamos en la conversación sin que sea conveniente o incluso sin que el entrevistador lo pregunte. Recuerdo un caso de un tipo encantador, que había abandonado la multinacional de renombre, por conflictos con su ex jefe. Dedicó 20 minutos a contarme el problema, antes de que yo le preguntara. ¿Qué dice eso de ti?
Todos cometemos errores. La perfección no existe. Me encaja entender un problema, ver que está superado y que la persona ya aprendió la lección. 1 minuto. Eso transmite sinceridad, madurez.
Cambiando de tercio, me desconciertan las personas que no me transmiten detalle, conocimiento. Por un lado, me encantan las personas conceptuales, que sintetizan, transmiten aprendizajes y experiencias. Pero hay un punto de equilibrio entre la síntesis y el mostrar cómo has mejorado los resultados, -drivers- qué cambios has hecho o cómo has gestionado a tu equipo. ¿Será que no sienten pasión por lo que han hecho? ¿Creerán que no me interesa?
Me alucina recibir a personas, interesadas en la posición que les ofrezco, y que no saben nada de mí. Con lo fácil que es actualmente conocer con quién vas a reunirte. Pienso que o no son rigurosos, o no tienen interés real.
Para mí, son relevantes ciertas normas de protocolo; además de las básicas que cualquiera sabe, está claro que hay que generar cercanía con el entrevistador, pero es excesivo que un desconocido te toque el brazo de vez en cuando a los 15 minutos de conocerte. Me dan ganas de irme al otro lado de la mesa.
Siempre estamos comprando y vendiendo. Toda charla, es el momento ideal para dar a conocer nuestro valor. Con claridad. Con honestidad. Se pueden maquillar algunos eventos de la trayectoria, pero no mentir. Con energía. Hay que llamar la atención –positivamente- para que se acuerden de ti. Para ello, tienes que ser distinto.
Y sonreír. Tuve una amiga cubana –experta en seducción-, que decía que una sonrisa cambia el mundo. Ella la practicaba hasta por teléfono, y siempre conseguía su propósito. Es difícil que alguien sea adusto contigo si estás sonriendo con sinceridad, desde la mirada.
Antes de escribir este Blog, años ha, tuve una pareja a quién le contaba historias, y le encantaban. Siempre quise ser Sherezade. Este personaje de literatura, consiguió redimir a un Sultán, que amargado por haber sido engañado por su primera esposa, desposaba una virgen cada noche, y la mandaba decapitar al día siguiente.
Cuando conoció a Sherezade ya llevaba 3.000. Sherezade empezó a contarle una historia, que duró toda la noche, y cerca del alba, pospuso el final para la velada siguiente. Y sobrevivió 1.001 noches.
Siempre me planteo, que en una entrevista siempre debe aparecer Sherezade, con un argumento sencillo, valioso, y un puntito de emoción y de diferencia. En cada ocasión, tú eres la princesa buscando la redención.
Alguien querido me descubrió hace poco una cita: A Reason, A Season, or A Lifetime. People always come into your life for a reason, a season and a lifetime. When you figure out which it is, you know exactly what to do.
Mis amigas dicen que hablo sin parar. Creo que llegué a esto (El Loco de la Colina), para valorar lo relevante y maravillosa que es la escucha. Esa es la razón. Espero que sea para mucho tiempo.
Y éste es mi regalo de Navidad a los que estáis ahí.